Se pueden ver en Youtube unas declaraciones de Saramago sobre Second Life.
En un primer plano aparece el veterano escritor hablando a alguien ligeramente desplazado con respecto a la cámara que graba, de modo que no habla a la cámara si no a ese interlocutor invisible para nosotros.
En un segundo plano, un monitor muestra a un personaje de los típicos de SL, ganado por una marcada indiferencia hacia el portugués de marras. La escenificación ya acepta una lectura.
Primera reflexión: es curioso como se puede caer en la destrucción pedagógica de lo inefable. Llevar las palabras de Rimbau, que cita Saramago, al terreno de la Guía Michelín es descorazonador.
Segunda reflexión: querer decodificar aquello cuyos códigos se ignoran parece una tarea imprudente. Saramago habla de “juego” para referirse a SL, con lo que denota un desconocimiento de base del asunto. De aquí en adelante se podría decir que toda la reflexión adolece de falta credibilidad en tanto se habla doctamente de lo que se ignora supinamente.
Tercera reflexión: ¿por qué un hombre de profesión creativa interpreta literalmente y de manera ramplona desde el nombre (Second Life) hasta la posible lógica interna del asunto? ¿A qué teme verdaderamente Saramago? Porque todo su discurso involucra un “miedo” a los “peligros” de SL (ver la última frase del video).
Cuarta reflexión: ¿qué lleva a Saramago a ese desborde de paternalismo? ¿Cree el escritor realmente que el común denominador de la gente puede terminar dudando de cual es la realidad por el sólo hecho de incursionar en una actividad que se desarrolla frente a un monitor de ordenador? ¿No será que hay una defensa soterrada de la exclusividad de la imaginación para los imaginadores profesionales? ¿Sufre Saramago una especie de síndrome de Matrix? ¿Esquizofrenia dice? ¿No es un poco alarmista, en beneficio de su interpretación mecanicista de la cosa?
No reflexiono más. Ahora exclamo: ¡Caramba!
Juraría que se puede hacer una buena antología de las criticas a la imprenta por parte de los que con anterioridad a los primeros incunables se dedicaban al oficio de multiplicar, minimamente, los libros. No es que compare, pero, por principio, me resisto a las posturas contrarias a las innovaciones. Una herramienta, una tecnología, no son malas nunca en sí mismas. En la aplicación está el juicio.
Tal vez, lo peor sea que debe tener mucho de criticable Second Life.
Da pena un análisis tan facilista, tan reduccionista y de tan poco vuelo. Hace falta hilar más fino. Es necesaria mayor sutileza.
Se entiende la indiferencia del avatar en el monitor al que da la espalda Saramago. Yo haría lo mismo, francamente.
